281 días

Posted in Personal by

Hoy Oli cumple 281 días de vida. Los mismos que pasó dentro de la barriga, siendo parte de mí. Durante 281 días fuimos uno, y ahora hemos pasado otros 281 días aprendiendo a ser dos. Todavía no lo tenemos dominado (él no duerme si no estoy a su lado, yo me paso el rato mirando la hora en el reloj y queriendo marcharme si él no está a mi lado) pero hemos avanzado mucho.

Sé que crecer, para los bebés, consiste básicamente en aprender a separarse de su madre, pero no puedo evitar que esto me dé una pena y una morriña tremendas. En estos nueve meses ha aprendido tantas cosas… a sentarse, después a gatear, a ponerse de pie, y un día no muy lejano aprenderá a andar y con ello a alejarse de mí. Me da mucha pena, así que intento no pensar en ello y centrarme en lo positivo. Con este post quiero celebrar este hito y echar la vista atrás a los momentos que hemos vivido. 

¿Por qué 281 días?

281 son muchos días, más que un embarazo normal. Y es que cuando estaba embarazada de 7 semanas fui a mi primera eco toda ilusionada y me dijeron que el latido era muy débil y que ese bebé seguramente no sobreviviría una semana más. Después de una semana infernal de lloros, miedo e impotencia volvimos y resultó que el corazón latía más sano y galopante que nunca. Los médicos lo achacaron a que yo estaba embarazada de una semana menos de lo que pensaba y me ajustaron la FPP (fecha probable de parto). Pero yo sabía cuándo me había quedado embarazada y no fue una semana más tarde… así que he contado los días desde la fecha que yo considero. Entre eso y que Oli nació en la semana 41+4 según fecha ajustada (42+4 según la última regla y según mis cuentas)… pues sale este porrón de días, 281.

¿Cómo han sido estos meses?

Pues tengo que admitir que mejores de lo que esperaba. Leí tantas cosas sobre postpartos duros y terribles que venía preparada para cualquier cosa. Y resultó que a mí me tocó un cóctel de hormonas tremendo que hacía que lo viera todo de color de rosa… todo me parecía bien, estaba feliz, hasta llevé los problemas con mi lactancia de manera tranquila (extraño en mí). También influyó mucho que Luis estaba en casa conmigo casi todo el tiempo, y la familia nos traía comida y nos ayudaba con la casa, así que muchas de las preocupaciones y estrés que suelen agobiar a las nuevas madres yo me las quité. Podía ducharme sola tranquilamente sin estar pendiente de si escuchaba lloros, no tenía que hacer malabarismos con el bebé llorando y la comida al fuego, ni me desesperaba viendo todo lleno de polvo. Todo me parecía bien, adoraba mi vida, y podía dedicarme casi en exclusiva a contemplar a mi pollito. Volví al trabajo a las 6 semanas, pero con sesiones sencillas, a las que me llevaba al niño, y que editaba mientras le daba la teta.

Este estado de felicidad hormonado me duró como 4 meses, y luego volví a la normalidad y empecé a tener esos momentos de desesperación tremendos que tienen todas las madres. Querer llorar de frustración cuando veía la casa sucia y las sesiones sin editar y el niño no quería bajarse de mis brazos. Enfadarme y desesperarme cuando me despertaba 10, 11 veces en una noche porque a mi bebé le estaban saliendo los dientes y le dolía tanto que se despertaba llorando. Perder la paciencia y hablarle en tono brusco y después sentirme la peor madre del mundo. Preguntarme por qué los bebés de los demás van en el carro tranquilamente y en cambio el mío sólo aguanta quince minutos y luego quiere mochila (que a mí me encanta portearle, pero hay ocasiones en las que llevarlo en el carro y que se durmiera allí sería estupendo).

Con esto quiero decir que, imagino que como para todas las madres del mundo, mis primeros meses de maternidad han estado llenos de altibajos. Algunas cosas las había idealizado y no eran para tanto, otras me las habían demonizado y finalmente eran mucho mejor de lo que me esperaba… pero en general esta aventura está siendo maravillosa. Estos meses me han enseñado a conocer a mi hijo, a estar orgullosa de sus logros (en el tema psicomotor va muy adelantado, gateó con seis meses, con nueve recién cumplidos se mantiene de pie sin ayuda…) y a tener paciencia con las cosas en las que no destaca tanto (no es gran comedor, ni duerme toda la noche del tirón ni mucho menos…). Sonríe a todas las personas que nos cruzamos y los saluda con la mano, y cada vez que me comentan lo despierto, activo y especial que es me muero de orgullo y de satisfacción de ser su madre, y de haberlo creado. Me siento tan afortunada de que me haya elegido como su mamá, de tener el privilegio de despertarme a su lado todas las mañanas y que me coma a besos babositos, a entrar en la habitación y que me mire con una cara con la que nadie me había mirado hasta ahora, que llame mamamama cuando quiere venir conmigo, que juguetee con mi pelo para tranquilizarse, que dormido se apriete contra mí y me rodee con el brazo… hay cosas malas, no lo niego, pero es que lo bueno es TAN bueno, que se me olvida todo. Y miro atrás y no me puedo creer que haga sólo nueve meses que este bichito está conmigo día y noche, no se me ocurre qué hacía con mi vida, porque me acuerdo que era feliz pero no me puedo imaginar cómo era eso sin tenerlo conmigo. (Aunque reconozco que a veces echo de menos poder estar dos horas enteras leyendo sentada en un sofa.. o darme un maratón de series… o cenar en un restaurante sin cantar y sin recoger cosas del suelo).

Lo cierto es que este post tiene poca enjundia pero es que estoy  tan nostálgica hoy, echando la vista atrás, recordando el parto, pensando en cómo me ha cambiado la vida, que tenía que compartirlo. ¿Qué sentimientos teníais vosotras cuando llegó el momento de que vuestro bebé había vivido el mismo tiempo fuera que dentro? ¿Esta pena se pasa, o viene más cuando van cumpliendo años? (No me respondáis a esto último… jajaja).

19 octubre, 2017
/
Previous Post Next Post

Leave a Reply

You may also like